
De arco, de herencia de heridas esparcidas
De piedra, de rabia, de madera, de sable
de roturas reconstituidas
de rones en la tierra rociados
(por la aristocrática plebe que ens precede)
De roses ríspidos lamidos
de riendas, de gobiernan, de caballerías
de respeto, de falta de respeto, de concreto
de imprescindibles requisitos
de requisitos exquisitos
De raro
De razgo
De ramo.
De rúcula, de razón, de tratado de pactos
de laureles entre las páginas del diccionario
de rioja, de rabino y de párroco
de romper de robar de resarcirse
de refugio, regazo, rebaño
de república y repulsa
de origen de nos antepasados
y de sexo
y de ratio.
Erre de los tajos en mi frente
como la sangre caida en mi garganta,
con diez años y la cabeza destrozada
con los cirujanos reconstituyéndome
con mi amiga perdida
con mi madre pegándome para que no me duerma
para que no me muera.
Erre en los nombres y las ciudades de residencia
Erre en L’Irlande
Erre en el azar y erre en la palabra
Erre en el buscar
Erre de descubrir algo
Erre que me llevó
Al flamenco Adrán Roo en 1685 instalado
Al galego de Flandes
Al viaje a Buenos Aires
Al meu cos desconcertat mientras tescribo
Al Kanegem en Oost Vlaanderen
Y el sotuer de oro cantonado de cuatro mirlos de sable
Y sin embargo
Certifican que en el puerto de Buenos Aires
Llegado ha un hombre con dos hijos en la mano
Desde Francia,
dos hijos grandes, de 16 y de 17 años
(¿Qué lleva a un hombre a atravesar el Atlántico?)
No había mujer con él, dicen
sólo una hija de 17 años
y su hermano
Escrito ha quedado allí,
en el Hotel de Inmigrados
¿Era el mismo del que hablaba mi padre?
El hombre llegado también en barco,
escapando de la Irlanda protestante,
a las oficinas del puerto de Bretaña
testarudo y católico
y no tengo más datos
Suficiente
para suponer
que de las dos posibilidades
(la segunda sólo desde ayer la sé)
él era éste mi pariente
(¿es el mismo?) (¿escribieron "Francia" por "France" y era "Flandes"?
¿lo supusieron francés por el idioma? ¿cómo saber?)
(-"Ni “Rocroix”, ni “Robois” menos aún “Roteigne”!
dijo mi padre que dijo: Es Roo mi nombre)
Discusiones las oficinas de Aduana
-Señor, quieren matarlo, urge modificar identidades.
Ya...
Modificar identidades, eso le dijo.
Y me dijo mi padre que dijo:
-No. Nada de modificar identidades.
(Pérdidas de tiempo de heraldistas e idiotas
De ricos que no saben qué hacer con su tiempo
Vayamos a lo que vamos)
Y sin embargo:
la obsesión en la búsqueda
La certeza, el desconcierto.
Y recuerdo:
el mármol
con el apellido Rôo grabado en el suelo
en la puerta de la casa del campo
en la provincia de Buenos Aires,
distrito quinto
Un “Rôo” inmenso en el mármol
Desgastado por los pasos de los que encima caminaron
Y estaba, allí, después de ¿finalmente cuántos años?
Con el acento circunflejo
Un sello
Un techo
(para mi padre identidad, el único abrigo posible))
-No cambiaré mi apellido
-Señor quieren matarlo. No sólo a usted, a toda su familia.
A saber qué más le habrá dicho, porque finalmente.
Pero esa es otra historia, es decir la misma.
Y años después las mismas dudas, la falta de ¿qué? Para buscar la respuesta, una respuesta que aparece (tal vez ¿lo que encontré tendrá que ver algo?)
Y el carrer Sant Sever que atravieso buscando
Un trozo de madera de 5 centímetros cuadrados
Con el signo que nos pertenece sin expulsa
Que en el pasado escribió refutas, ideas y calles
Que ahora mismo forma la palabra Barcelona
Que estuve a punto de no tener por unas horas
pero ella, desde el subsuelo de una habitación gótica
dice:
-Ten. Era ésta la que estabas buscando.
Y desarma la palabra “Barcelona”
Porque era la única que quedaba
Le digo:
-No, déjalo, gracias, no hace falta.
Y ella con la mirada:
-Es tuya.
Y claro…
Y yo vuelvo a casa, desando mis pasos
Con cinco centímetros cuadrados entre las manos
Por el carrer Sant Sever de la ciudad divina
por el carrer del Bisbe
Y doblo hacia la catedral, la calle que me lleva hasta mi casa
a la misma hora de la noche de las sardanas
que me fascinaban y que con senda justicia de tus injurias defendía.
Me envuelvo en mi bufanda
Y se oyen acentos, y hay viento,
Y hay
bicicletas que pasan.
Erre inicial y erres contenidas
Erres esparcidas
En nombres nuestros en los nuestros apellidos
De parroquias,
De rosarios de insultos sagrados
De tu rúbrica herética en mi cuerpo
si buscando tus orígenes
encuentro los míos
mientras aparecen más preguntas sin respuesta
y respuestas de las que no me importa la pregunta
I de sobte sembla
que no importi entendre nada
Merced l'origen está
y la única lengua posible
es el silencio
de mirar y saber
que eso
tiene bastante que ver con la verdad,
à l’envers
et à l’endroit.
Texto: Georgina Rôo.
La imagen: Tipo gráfico en madera.